Durante años, la solución para tapar una sala de reuniones ha sido la misma: una persiana, un vinilo esmerilado fijo o, directamente, una pared. Pero en los últimos meses una tecnología que llevaba tiempo circulando en proyectos de lujo, el cristal que pasa de transparente a opaco con solo pulsar un interruptor, está empezando a verse en oficinas, clínicas y locales comerciales de la capital.
El sistema, conocido como vidrio o vinilo de privacidad conmutable, se basa en una lámina de cristal líquido intercalada entre dos capas de vidrio o instalada sobre uno ya existente. Al aplicar corriente, las partículas se alinean y el cristal se vuelve transparente; al cortarla, se dispersan y el vidrio se vuelve translúcido, bloqueando la visión sin necesidad de cortinas ni persianas.
Del hotel de cinco estrellas a la sala de juntas del barrio de Salamanca
Hasta hace poco, este tipo de acristalamiento inteligente era casi exclusivo de hoteles boutique y despachos de abogados de alto standing, donde el coste no era el principal condicionante. Ahora, arquitectos de interiores consultados para este reportaje señalan que la demanda ha crecido sobre todo en dos frentes: oficinas con diseño «open space» que necesitan aislar puntualmente una sala sin renunciar a la sensación de amplitud, y clínicas o consultas que deben cumplir con normativa de protección de datos visuales de pacientes sin sacrificar luz natural.
Empresas especializadas en la instalación de este tipo de superficies explican que el encargo más habitual ya no es una gran fachada, sino intervenciones puntuales: una mampara de sala de reuniones, un escaparate o la ventana de una consulta médica.
No es solo privacidad: también es factura de la luz
Más allá del componente estético, el auge de estas soluciones coincide con la subida sostenida del precio de la electricidad. Los sistemas de control solar, láminas que oscurecen automáticamente según la intensidad de la luz o que bloquean parte de la radiación UV, permiten reducir el uso de aire acondicionado en las horas de más calor sin necesidad de obra ni de cambiar la carpintería existente, lo que explica parte del interés de comunidades de propietarios y pequeños comercios que buscan reducir gasto energético sin acometer una reforma integral.
Un mercado todavía pequeño, pero con recorrido
El sector del vidrio inteligente sigue siendo minoritario en España si se compara con mercados como el nórdico, donde este tipo de soluciones lleva más tiempo integrado en la construcción de oficinas. Aun así, la combinación de ahorro energético, normativa de privacidad cada vez más estricta y el interés por el diseño de interiores flexible apunta a que dejará de ser una rareza de proyectos de alta gama para convertirse en una opción más a la hora de reformar un local, una consulta o una oficina en Madrid.


